—Eso es horrible.
—Y lo peor es que ella seguía sin saber quién era yo realmente. No sabía que era el heredero de los Somerset, ni que podría haberle dado todo lo que quisiera... Pero llegué tarde... Llegué demasiado tarde para intentar salvarle la vida a mi hijo.
—No digas eso.
—Si le hubiera dicho la verdad desde el principio, ella no habría abortado, Adara... Ese bebé estaría vivo y andaría corriendo por ahí.
—Sí, pero no fue tu culpa.
—Sí lo fue. —Me miró, y sus ojos brillaban por la rabia—