Casi seis meses habían pasado. Los días se volvieron largos y tediosos, las noches frías y solitarias. Después de su encuentro con Lucian, Emma paso un par de semanas en Canadá, en el viejo hogar que compartieron ella y sus hermanos durante su juventud, el que conservaban tan solo por mero sentimentalismo. No le habló a nadie de lo sucedido, no quería preocupar sin razón a su familia, hasta dónde ellos sabían fue ahí para pasar tiempo con Matheo y qué él conociera el lugar donde ellos crecieron