Una ola de pavor recorrió todo el cuerpo de Rosalie, dejándola paralizada ante la pregunta intrigante de François. Sus brazos se levantaron, sosteniendo sus muñecas firmemente, manteniéndola cautiva en la cama. Su mirada intensa y penetrante la envolvía por completo, dejándola con una sensación de impotencia e incertidumbre. Mientras intentaba procesar la situación, se preguntaba: "¿Siempre ha sido tan dominante?"
La pregunta resonaba incesantemente en su mente, confundiendo sus pensamientos y