Rosalie quedó paralizada, mirando al hombre desconocido.
Lentamente él salía de las sombras del árbol, y la miró a los ojos.
Él era alto, con una cara un poco cuadrada, cejas gruesas, nariz aquilina y sus ojos eran de un tono de verde profundo, y sus cabellos acobardados.
El hombre poseía hombros anchos, y manos grandes, ella notó. Por un instante ella temió estar allí tan cerca de él y sola, principalmente por la manera intensa y extraña que el hombre la encaraba.
Se vio atrapada en esa mirada