Capítulo 35: Las grietas aparecen
POV de Emily
La cerradura se rompió en el tercer intento.
Empujé la puerta del estudio de Richard, el que me había dicho que nunca entrara. El que mantuvo sellado como una tumba durante tres años.
—Solo es un trastero —decía siempre que preguntaba—. Archivos viejos. Nada importante.
Mentiras.
La habitación olía a polvo y tristeza. La luz de la luna entraba por la ventana, iluminando lo que parecía un museo. No, no un museo. Un santuario.
El rostro de Aurora me miraba desde todas partes.
Fotos de boda cubrían una pared. Imágenes de ella riendo, sonriendo, mirándolo como si Richard fuera su sol. Una vitrina de cristal guardaba sus joyas. Otra, sus libros. Su bufanda favorita colgaba de un gancho junto a la ventana.
El estómago se me retorció con algo caliente y feo.
—Deberías estar muerta —susurré a su sonrisa congelada.
Pero aquí no estaba muerta. En esta habitación, Aurora vivía para siempre. Perfecta. Hermosa. Amada.
Todo lo que yo nunca podría ser.