DEMETRIA
—¡JODER! —gimió, un sonido primitivo, casi salvaje, mientras empujaba hacia adelante, introduciendo esa polla en mí.
Lento. Pesado. Sentía cada centímetro de él, estirándome, partiéndome, reclamándome. Mi coño se aferraba a él con avidez, revoloteando, luchando por recibirlo.
Dios, este hombre era grande. Grueso. Peligroso. El tipo de polla con la que soñabas pero no estabas segura de que tu cuerpo pudiera soportarlo.
Me arqueé fuera de la cama, con un gemido entrecortado que se despre