El auto en el que viajaba Cale avanzaba a toda velocidad sin reducir la marcha. Delante y detrás del auto, los vehículos de escolta hacían sonar las sirenas para abrirse paso entre el denso tráfico de Portclair y llegar al destino cuanto antes.
Pero en el interior del auto el ambiente era muy distinto. Reinaba un silencio tan pesado que el flujo incesante de notificaciones de la tableta y el chirrido de la radio sonaban más fuertes e inquietantes.
Vincent iba sentado en el asiento delantero y se