El ambiente se parecía menos al de una próxima reunión familiar y más a la calma que precede a una guerra.
Ya entrada la tarde, Lydia ayudó a Naomi a estudiar algunas normas básicas de etiqueta para tratar con los ancianos de la familia Devereux.
—No discutas abiertamente con ellos —aconsejó Lydia mientras abría un cuaderno delgado en la sala de lectura.
Naomi la miró con recelo.
—¿Y si son unos pesados?
—Tú solo míralos y sonríe.
—Eso suena mucho más aterrador —Naomi apartó con un gesto dramáti