Quincy se acercó a James.
Ella llevaba un vestido rojo que dejaba al descubierto sus hombros. Su pelo rojo y rizado ondeaba en el viento. Sus rasgos faciales eran finos y exquisitos, y el lápiz labial que usaba realzaba su belleza.
Ella le dedicó una sonrisa a James, quien estaba sentado en una silla con botellas de vino en el suelo. “Parece que estás teniendo una gran vida”.
James se puso de pie e hizo un gesto hacia el asiento a su lado mientras le indicaba: “Toma asiento. No hay necesid