"¡Darryl!". Jean no pudo tolerarlo más; siseó a través de sus labios fruncidos. "¡Cómo te atreves a difamar a mi maestra!".
"No lo hice". Darryl se encogió de hombros mientras miraba a la Madre Abadesa Serendipia con una sonrisa. "Vamos, déjame oírte llamarme 'esposito' otra vez".
"¡Vete al infierno, Darryl!", gritó Jean. ¿Cómo podía su maestra pronunciar esa palabra cuando ella siempre había sido pura y noble toda su vida? ¿Cómo se atrevió Darryl a insultar la reputación de su maestra delante