El cambio repentino de la situación desconcertó por completo a los guardias reales. En pocos minutos, Roberto y sus hombres habían conseguido derrotarlos mientras ellos yacían en un charco de sus sangres.
Roberto estaba extasiado. Señaló a sus compañeros y dijo: "Rápido, escondan los cadáveres. Pónganse la ropa y envíen una señal a nuestro campamento".
"¡Sí, Señor!".
......
En la tienda, el Señor Kenny estaba sentado, recargando su energía.
Había quince generales del Nuevo Mundo de pie cerc