Jean mantuvo su silencio ya que había venido en secreto. Su maestra dejó en claro las reglas de que los discípulos de la secta Emei no podían ir a centros de entretenimiento como bares o centros de karaoke.
“Maestra, yo... yo no entré, estoy en la entrada del bar”, mintió Jean.
La Madre Abadesa Serendipia asintió con la cabeza, “Eso es aceptable. Recuerda, como una de las sectas ortodoxas, nunca podemos entrar a lugares como este. Estaré ahí pronto”.
“¡Entendido, Maestra!”.
Jean exhaló un su