El deprimido Darryl pensó en Judith.
‘¡Mald*ción! Debí haber sido engañado’.
Darryl finalmente entendió por qué Judith quería que él entregara las preciosas frutas e insistió que sería una tarea fácil. Todo fue una mentira. Sabía que las preciosas frutas no satisfarían las inmaculadas papilas gustativas de la Emperatriz Heidi y temía ser castigada, así que le pidió a Darryl que hiciera el trabajo.
Darryl se enfureció cuando se dio cuenta.
No esperaba que Judith y esas hadas fueran a engañar