Vio la sonrisa de Magnolia a través del espejo retrovisor por otro chico, el señor Vargas se sintió al instante deprimido.
Para entonces, el conductor conducía con cuidado, si no hubiera sido un conductor, habría querido sentar en el otro coche.
Magnolia se había dado cuenta de la baja presión procedente del copiloto, pero deliberadamente fingió no verlo mientras seguía hablando y riendo entre ella y Rafael.
A Rafael no le importó el hombre en el asiento de pasajero, después de todo, llevaba tan