Magnolia trató de cerrar la puerta tan pronto como alcanzó a vislumbrar la figura afuera. Pensó que era David que había llegado sin llaves y, por eso, no se molestó en mirar por el ojo de la cerradura, pero ahora lamentaba su descuido.
—Magnolia, ¡carajo! ¿Por qué quieres cerrar la puerta otra vez? —Laura empujó la puerta con descaro y se coló, gritando en voz alta— Te costó trabajo encontrarte. Vives en una colonia tan fresa y aún así dices que no tienes lana. ¿Me crees mensa?
Francisco puso la