No quería que la abuela Vargas se enfadara con la señora Vargas.
Al fin y al cabo, la señora Vargas era ahora inestable y podía decir cualquier cosa, pero la anciana no aguantaría más ira.
La anciana Vargas hablaba de los acontecimientos de aquel año y Magnolia se quedó callada, escuchándola.
Se congeló al oírlo, sin darse cuenta de que la identidad de Ricardo tenía una agenda oculta.
Hizo una pausa y dijo, —¿Lo sabe Ricardo?
—No lo sabe, no necesita saberlo.
De hecho, Magnolia tenía algunas pre