Punto de vista de Leila
Cuando murmuró la palabra *compañera*, sentí una sensación extraña revolotear en mi corazón; aunque mi loba no reaccionó, sabía que tenía razón. Yo era su compañera. Unos minutos después, todas esas cosquillas se habían esfumado y me quedé mirándolo como al completo desconocido que era, dejando de lado el hecho de que fuera mi compañero.
No sabía si así se suponía que funcionaba el vínculo de compañeros, pero de repente no me sentía cómoda con él mirándome como si intentara imaginar cómo me vería desnuda frente a él.
*Hey Leila, no actúes tan fría. Después de todo, es tu compañero.* Antonio insistió, su rostro iluminado por una sonrisa, y el chico solo soltó una risita. El chico que se había presentado como Lucian.
—Sé que es extraño y raro, pero te acostumbrarás, eres mi destino —dijo, y me dedicó una sonrisa brillante mientras tomaba mi mano, y todos los de la mesa hicieron un “aww”, lo cual fue totalmente raro.
De repente, mientras sus manos seguían sobre la