Zachary se quedó un día más en Ciudad A, lo que significaba que podría pasar otro día conmigo. Solo pensarlo me llenaba el corazón de alegría y emoción. Le besé la mejilla y fui a prepararle el desayuno.
Preparé una taza de café a mano, emparedados rellenos de huevos y tocino y un tazón de gachas.
Zachary comió bastante. Recordé que casi no había probado bocado la última noche cuando los entretuvo y se fue directamente a la cama al llegar a casa.
Tenía que compensarlo ese mismo día. Además, e