Mundo ficciónIniciar sesiónPronto se apartó un poco de mi costado, aún sonriendo entre lágrimas, y vi que forcejeaba por desatar la cinta negra, que llevaba anudada en torno a la muñeca de su brazo herido. Eso trajo su cara al alcance de la mía y la lamí con ímpetu.
—No puedo atármela sola, mi señor —dijo con voz temblorosa, toda ella vibrando de alegría al mostrarme la cinta—. Te daré la espalda y la sostendré ante mis ojos para que tú lo hagas.
Cambié sintiendo que el corazón me estallaría de una felici







