Con ternura, Alex recibe a Rebecca en sus brazos y se acomoda en el sillón, acariciando a la mujer delicada que derrama lágrimas. Su deseo es protegerla del sufrimiento que la aqueja. Poco a poco, el calor del cuerpo de Alex comienza a suavizar la turbulencia que la rodea, y ella se refugia en su abrazo reconfortante.
– Querida, entiendo profundamente el dolor que esto representa para ti. Fue solo cuando te vi herida nuevamente que me di cuenta de la extensión de la maldad que nos rodea. Siento