Esperando respuestas o, al menos, que la llamaran de la policía para empezar a averiguar quién era el asesino de Richard Brown, no podía dejar de pensar en cómo la vida podía acabar en cualquier momento.
Judith había tenido tiempo de decirle a su padre cuánto le quería. Tuvo tiempo para compartir como se supone que deben compartir un padre y una hija, Rebecca no podía imaginarse estar en su lugar.
Si el dolor no iba a matarla sería sin duda la culpa.
Por un momento sintió perderse en el dolor q