Romina se había quitado la camisa del hombre, esta ya estaba en el piso dejando ver la divina figura de la mujer, sus ojos azules tenían un brillo diferente, era quizás lujuria o... deseo
Nathaniel que todavía tenía la raza de café en la mano, la dejó lentamente sobre la mesa, solo le faltó salivar como un lobo hambriento al ver a su presa y saber que pronto se la estaría comiendo
— Si te atreves a seducirme tendrás que ser capaz de aplacar mis demonios... — el hombre besó con pasión los hincha