Las voces resonaron más cerca, amortiguadas por la nieve que caía pero inconfundibles... la risa de Jake, estrepitosa y despreocupada, mezclada con lo que parecía su colega de la cabaña, el que se había unido a ellos para tomar unas copas antes. Mi cuerpo se puso rígido, empalado en la polla de Giovanni, cada nervio gritando por el clímax mientras el terror me arañaba las entrañas.
Su mano permaneció apretada sobre mi boca, sus dedos clavándose en mis mejillas lo suficiente como para recordarme