Los días posteriores a aquella noche en el garaje se convirtieron en una bruma de arrepentimiento y repeticiones temerarias. Me desperté a la mañana siguiente en mi apartamento al otro lado de la ciudad, con las sábanas enredadas en mis piernas y el dolor entre mis muslos como un recordatorio vívido.
El semen de Adrian se había secado pegajoso sobre mi piel; me lo quité en la ducha, pero el recuerdo permanecía... sus ojos confundidos abriéndose al reconocerme, la forma en que había susurrado mi