El timbre perforó la bruma de nuestra lujuria como una aguja, pero las palabras de Dante quedaron suspendidas en el aire, con su polla enterrada profundamente dentro de mí, pulsando con una necesidad contenida. Mi cuerpo flotaba en ese filo de navaja del clímax, cada músculo tenso, mi coño aleteando alrededor de su grosor.
Las voces se filtraban a través de la puerta —al carajo con el día libre de mi recepcionista—, tal vez una entrega o alguien que llegaba tarde sin cita... pero el mundo exter