Bosco se apoyaba tranquilamente en la cama y no contestó a Salvador, con esa mirada apagada, sin el menor atisbo de ansiedad contenida.
Esta no era la reacción que Salvador imaginaba, pensaba que Bosco se asustaría, entraría en pánico y pediría clemencia, pero había resultado estar tan tranquilo como si estuviera en su propia villa.
Salvador apretó los dientes mientras se pellizcó la cara: —Me vas a hacer sentir incompetente cuando reaccionas así. ¿No tienes ningún miedo?
Bosco no se enfurecía p