Viendo el afán de Bosco por probarse a sí mismo, Cecilia se burló de él, —señor Lis, ahora no tengo ninguna duda sobre usted.
Bosco dejó escapar un largo suspiro de alivio y dijo con cara de felicidad: —¿Me crees?
—Siempre te he creído, señor Lis —le sonrió Cecilia—. Ya he estado fuera bastante tiempo, se preocuparán si no vuelvo, ¿vas a seguir aguantándome así?
—Ceci...
Bosco la estrechó entre sus brazos, bajando la cabeza para besarle los labios.
La suave fragancia del vino persistía entre sus