Cecilia levantó la otra mano que no estaba herida y se pellizcó la frente, como si hubiera estado conteniéndose hasta el punto de quebrarse. —Sí, así que para que dejen de hacerte daño, te alejas de mí.
Dijo Bosco: —eso es lo que pretendes ¿no? ¡Simplemente quieres alejarte de mí!
A Cecilia no le importaba el dolor, cerró el grifo e iba a marcharse.
Casualmente el camarero se acercó con la crema para las quemaduras, Cecilia ni lo miró y se fue.
Bosco la cogió y sacó unos billetes de su cartera y