En cuanto se cerró la puerta del coche, se marchó inmediatamente, en consideración a que Cecilia no se abrochó el cinturón de seguridad, no conducía a alta velocidad, pero llamó mucha atención.
Lo único que Bosco pudo ver mientras se dirigía a la puerta fueron las luces traseras de color rojizo que parpadeaban en la oscuridad.
Miró fijamente en esa dirección, con los ojos más oscuros.
El camarero ayudó a salir a la herida Noa, —señorita Joaquín, voy a por el coche, espere un momento.
—Bien —se c