“Es porque Monte te trajo a la habitación”. Chester sonrió salvajemente. “Soy el único que puede tocar tus hombros”.
A Charity le empezó a doler la cabeza. “Chester, estás borracho”.
“Sí, lo estoy”. Chester se inclinó y bajó la cabeza. Mientras susurraba, su aliento le acarició la oreja. “Cuando escuché a los demás decir que Monte te había llevado al último piso a cenar, habría cortado a Monte en pedazos si no me hubiera emborrachado. ¿Cómo se atreve ese bastardo a tocar a mi mujer? Incluso si