«Axel, por favor», dijo ella en un susurro jadeante. Abrió los ojos y lo miró fijamente, mientras una ola de placer la golpeaba con fuerza.
«Axel», gimió ella. «Te necesito». Le temblaban las piernas. «Por favor». Para alguien que nunca antes había tenido relaciones sexuales, vaya que estaba rogando mucho.
—¿Estás segura? —volvió a preguntar Axel—. Sé que nunca... —dejó la frase en el aire, refiriéndose a su estado de virginidad—. Solo quiero estar seguro de que quieres esto conmigo. —La miró f