Calytrix sintió ganas de darse una bofetada a sí misma. ¿C-cómo pudo haber lastimado a su querida madre, a quien tanto se esforzaba por salvar?
Dos ríos de lágrimas le resbalaban por las mejillas mientras los dos hombres se reían, completamente indiferentes a su sufrimiento.
Calytrix vio la sangre brotar del tobillo derecho de su madre, y los llantos de esta última, aunque ahogados, aumentaron en intensidad.
—Mamá... —la llamó con voz entrecortada, con los hombros sacudiéndose por el llanto—. L