Los ojos de Anna se dilataron, con la incredulidad grabada a fuego en todo su rostro.
¿Cómo...? ¿Por qué?
Estaba tan cerca, tan cerca de una solución.
Solo para que desapareciera.
Ante eso, escuchó una voz proveniente de un altavoz oculto en lo alto.
—¿Te gusta mi regalo, Anna? —Reconoció esa voz. Era la de Vilfred.
Ese bastardo despreciable. La había puesto en esta situación y la había abandonado cruelmente, arrebatándole incluso la esperanza.
¡Demasiado rencoroso!
Miró hacia arriba apretando