—¿Así que tenían una presa y se la guardaron toda para ustedes? —dijo la mujer alta, fornida y de piel verde al entrar, con sus ojos de serpiente de un rojo brillante y pupilas doradas y rasgadas. Sus orejas eran largas y bastante puntiagudas, como las de un elfo. Sin embargo, tenía dos colmillos que le sobresalían en los extremos del labio inferior.
Vilian no sabría decir qué era. ¿O tal vez era una mezcla de serpiente, orco y elfo oscuro? Aun así, no quería dejar que le exprimieran el cerebro