Varios minutos después.
Lizara intentó concentrarse en lo que estaba leyendo, pero sencillamente no podía. ¿Cómo iba a hacerlo cuando los seductores sonidos de piel azotando carne, en armonía con las voces de gozo que emitía Virenna, llenaban la habitación?
Incluso cuando decidió conjurar unos auriculares y ponérselos, siguió sin poder resistirse a observar lo que ocurría sobre la mesa. Hasta empezó a desear ser ella a quien estuvieran embistiendo con tanta fuerza.
Freya seguía con los brazos c