143. Falsa amabilidad.
~Ivette~
Desperté molida. Sentía que cada músculo de mi cuerpo pesaba una tonelada, pero aun así me obligué a moverme para prepararme y bajar a desayunar. Mi estómago no dejaba de rugir desde temprano; era una exigencia que no podía ignorar.
«Mi bebé tiene hambre».
Me puse en pie con cuidado y me cubrí con una bata de seda. Ni siquiera me molesté en revisar mi reflejo; sabía de antemano que mi piel estaría decorada con marcas y mordeduras. Anoche perdimos la cuenta de las veces que tuvimos sex