Apenas hablaron durante la siguiente semana más o menos, limitándose a coexistir en la misma casa. Sandro seguía insistiendo en que desayunaran y cenaran juntos y en que durmieran en la misma cama, pero nunca la tocaba en la cama, manteniendo la distancia que ella había exigido. Una parte de Theresa se sentía aliviada, mientras que otra parte, mucho más grande, lamentaba la pérdida del único vínculo que habían compartido. Aun así, se repetía a sí misma que solo había sido sexo y que nunca había