Las celdas estaban bajo tierra.
Muros de concreto. Puertas metálicas. Sin ventanas.
Maya y Marcus fueron arrojados a celdas separadas.
Ella podía oírlo a través de la pared. Respirando. Vivo.
¿Marcus? llamó.
Aquí respondió él. ¿Estás bien?
No dijo Maya.
Pasaron horas. O días. No había forma de medir el tiempo.
Entonces se escucharon pasos.
Un guardia se detuvo frente a su celda.
Abrió la puerta.
Ven conmigo dijo. En silencio.
¿Por qué? preguntó Maya.
Porque Catherine Wei me envió dijo él. Y si