Los ojos de Draco se abrieron de par en par. Sus pupilas se encogieron cuando esos ámbares miraron al techo.
Inhaló profundamente, el aroma embriagador hizo que sus ojos se cerraran de felicidad.
La bestia dentro de él cobró vida.
Draco se sentó erguido. Sus ojos recorrieron la habitación. Era una habitación de invitados. Se quitó el gotero de la mano junto con el monitor de latidos del corazón.
Se levantó de la cama sólo para hacer una mueca de dolor. Al tocarse el estómago, se dio cuenta de q