Capítulo 18.

Alena suspira sin poder contenerlo, tenía una especie de lava recorriendo sus venas, su mirada, su presencia y cada parte de ella le gritaban que ya eran uno del otro…

Al menos en contrato, al menos bajo ese maldito pergamino en el que su sangre y la de él se unían.

— Nada— declara Alena. No estaba dispuesta a decirle cada una de las luchas que estaba dispuesta a pelear. — Simplemente necesitaba algo de privacidad. Es demasiada gente desconocida, y me encuentro tranquila a solas. — Susurra ella
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