Capítulo 40 — El rincón del jardín
Narrador:
Luego de haberse besado, de la manera desenfrenada y llena de deseo, con que se habían besado, ambos quedaron perdidos en los ojos del otro. Sus respiraciones eran agitadas e irregulares, casi un jadeo, eso les decía que les urgía más, que aquello no podía quedar ahí, tenía que haber algo más.
—Debemos volver al banquete, no pueden ausentarse los padrinos —dijo al fin Sebastián apartándose un poco de ella
—Tienes razón, pero… —y le tomó de un brazo i