Capítulo 33 — Una ducha fría
Janina:
Una vez dentro comenzó un vaivén acompasado. El ritmo era marcado por sus gemidos.
—Realmente te disfruto mucho, Janina —me dijo entre jadeos, pero yo no podía responderle, solo me quejaba, no de dolor sino de placer. Sus manos apretaban mi piel dejando la marca. De pronto me giró y quedé sobre él, se sentó y me abrazó mientras seguíamos acoplados aún, el ruido de nuestros cuerpos sudorosos chocando el uno con el otro y los gemidos, era el único sonido en la