Meredith
Para cuando Nick despierta estamos a muchos kilómetros lejos de donde tomé el volante, se frota los ojos bostezando, alcanza una botella con agua que me ofrece y solo levanto la que tengo a la mitad aún. Propone cambiar de puesto y acepto ya que cansa conducir por varias horas.
No nos detenemos hasta llegar al hotel, mis pies piden estirarse y les doy gusto viendo la fachada del sitio. No es lujoso, ni tan llamativo. Tan solo un hostal pequeño que me parece lindo y acogedor.
Dos chicos