Cerré los ojos, respirando hondo para intentar recuperar el poco equilibrio que me quedaba. Ya no podía permanecer impasible, tampoco fingir que nada me afectaba. ¡Había matado antes! Dios mío. Jack estaba más allá del pecado, más allá de la redención; estaba demasiado perdido. Salí de la bañera, el agua desbordándose por el borde. Oí su voz llamándome mientras me envolvía en una toalla.
“Robin. Dijiste que no huirías.” Corrió tras de mí y me giró antes de que llegara al rellano del dormitorio.