Estaba acunada contra el asiento de cuero de Jack, nuestras manos jugueteando juntas mientras él nos conducía al hospital. Se giraba hacia mí cada cierto tiempo, arrastrando la lengua húmeda por su labio inferior y mirándome.
—Haz algo por mí, nena —susurró, su voz ronca impregnada de una sensualidad oscura.
—Vale.
—Quítate las bragas. —Mantuvo el rostro serio hacia la carretera mientras el mío permanecía en él, los músculos de mi estómago contrayéndose por lo que estaba por venir—. ¿Necesitas