Día dos sin Leon.
Desperté con el estómago rugiendo. Ayer no comí mucho. Solo un vaso de leche tibia y media rebanada de pan que tomé yo misma de la cocina, porque ningún empleado se atrevía a acercarse a mí.
Todos le tienen miedo a Leon.
Caminé hacia la cocina. Mi estómago rugía cada vez más fuerte. Abrí el gran refrigerador plateado.
Vacío.
Cerré el refrigerador. Me dirigí a las alacenas. Abrí una por una las puertas de madera.
Vacío. Vacío. Vacío.
Me quedé de pie en medio de esa cocina ampli