—¡Por supuesto que no! —de repente recuperé la cordura.
Disfrutar de su cuerpo y de hacer el amor con él no significaba que estuviera dispuesta a quedar embarazada ahora.
Con tantos conflictos sin resolver y un futuro incierto entre nosotros, traer un hijo al mundo solo empeoraría nuestra ya complicada situación.
Una vez recuperada la sensatez, lo aparté bruscamente y me envolví completamente con las sábanas.
—Es tarde, vamos a dormir, mañana tenemos muchas cosas que hacer.
Lucas se quedó perple