Me quedé mirándolo fijamente.
La luz de la mañana se filtraba por la ventana, iluminando sus facciones con destellos dorados que hacían brillar sus ojos de manera cautivadora.
Con esa sonrisa en sus labios y sus rasgos perfectos, desde su rostro hasta su cuello, todo en él irradiaba un encanto irresistible.
Sentí un calor en el pecho, mezcla de emoción e inquietud, y las palabras salieron solas: —¿Qué harás si Jorge no me acepta y se opone a nuestra relación?
Últimamente, muchos detalles me suge