Cuando apareció el nombre en la pantalla del auto, sin sorpresa, era Lucas quien llamaba.
Mi corazón se aceleró y la adrenalina me subió a la cabeza.
—Hola, ¿qué pasa...? —no sé qué me pasó, mi voz salió un poco afectada, incluso algo melosa.
Lucas mantuvo su tono suave y sereno de siempre: —¿Ya te levantaste? ¿Por qué respondiste una palabra y desapareciste?
—Estoy conduciendo, hay mucho tráfico en hora punta, no puedo mirar el teléfono.
—Ah.
Mi sonrisa se hacía cada vez más difícil de contener