Me despedí del abogado y volví a mi coche.
Con sentimientos encontrados -alegría y aprensión, alivio y preocupación- decidí llamar a mi abuela para contarle el resultado. Justo cuando marcaba, vi llegar la ambulancia a toda velocidad.
—Abuela... sí, terminó el juicio. Antonio tuvo conciencia y aceptó el divorcio.
Mi abuela también suspiró aliviada.
Mientras escuchaba su feliz parloteo, observaba por la ventana.
Los paramédicos sacaban a Antonio en camilla. Marta iba junto a él y al bajar las esc